La ilusión de un equipo. Parte II

Centro Educativo Anantapur

Saber que, gracias a su trabajo, la vida de muchos niños de Anantapur puede mejorar es un hecho que produce gran satisfacción a Raduan El Chouaibi (Tenerife, 1985). El mismo día que cumplía años (10 de enero) volaba hacia la India para estar tres meses como voluntario en un proyecto que califica de “estimulante y con un gran potencial, lleno de niños siempre sonrientes y dispuestos a trabajar”.

Considera que el centro deportivo donde trabaja cada día, de 6h a 8.30h y de 16h a 19.30h, es un “oasis” para sus alumnos. La tranquilidad y el orden que se respira en él contrasta con el caos que reina en Anantapur, a tres kilómetros del complejo. También es consciente de que la parte educativa del proyecto es esencial para estos niños. De ahí que en muchas ocasiones hable con ellos para que entiendan la importancia de que aprovechen las clases de inglés e informática. Otro de los aspectos que valora de una forma muy importante este chicharrero apasionado del deporte es la adquisición de valores. “Los primeros días que trabajé con mis alumnos, muchos llegaban tarde sin causa justificada y perdían parte de la clase. Tras hablar con ellos y con los padres hemos logrado que sean más puntuales”, relata Radu, como le conocen sus amigos.

Una enfermedad grave, de la que está totalmente recuperado, fue la “excusa” perfecta para volver a Anantapur, a su casa, tras un año en el paraíso tecnológico para cualquier informático, el Silicon Valley asiático: Bangalore. T. Krishna (Anantapur, 1985) lleva trabajando en el proyecto como profesor de informática desde el retorno a sus orígenes en 2010, justo al iniciarse la iniciativa. Antes de Bangalore se había formado en Anantapur como programador y se muestra “muy feliz” con su trabajo y con la posibilidad de ayudar a unos niños que considera “privilegiados”. Su pasión por la informática se ve reflejada en cómo maneja el ordenador y en su habilidad para conocer nuevos programas de forma autodidacta. Además, se esfuerza por ofrecer un aprendizaje basado en juegos, ejercicios creativos y actividades que fomenten la autonomía. Intenta alejarse de los patrones de enseñanza locales en los que prima el mando directo como estilo de enseñanza.

De la misma manera piensa Dharmendra (Anantapur, 1984), el joven profesor de inglés que lleva en el proyecto un par de meses. Él mejor que nadie sabe la importancia de que sus alumnos aprendan el que se conoce como el “idioma oficial subsidiario”, fundamental en la enseñanza superior y a la hora de encontrar trabajo. A veces, durante este corto periodo de tiempo, ha sentido frustración por el nivel de sus pupilos, un problema que achaca a la baja calidad de la enseñanza del inglés en India. “El problema existe tanto en la escuela privada, masificada para facturar más, como en la pública, con un profesorado muy acomodado”, afirma tajantemente Dharmendra. Además, añade que otra de las dificultades que ve en el desarrollo del programa es que, en ocasiones, los padres de los alumnos no son conscientes de la oportunidad que tienen sus hijos. Así que considera que  habría que trabajar mucho con las familias para que vean los beneficios del proyecto.

Este es parte del gran equipo de educadores que trabaja cada día, con gran ilusión, en el proyecto de la Fundación Vicente Ferrer y la Fundación Rafa Nadal. En sus manos está que los doscientos niños que acuden cada día a los entrenamientos de tenis y a las clases de inglés e informática, tengan  la posibilidad de tener un futuro mejor.

David Paniagua de Diego

Coordinador de la Escuela y Centro de Entrenamiento de Tenis en Anantapur

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